00000076_Madonna.jpgPompeya es obra de Dios, templo del Espíritu, lugar de conversión y de reconciliación, de misericordia y de oración, de espiritualidad y de santidad. Es ciudad de María, venerada como Virgen del Rosario en cuya escuela millones de peregrinos aprenden a escuchar las palabras de su hijo Jesús y toman ejemplo de su vida.

Pompeya es el regalo del amor de Bartolo Longo, un enamorado de la vida, un abogado santo que animado por una extraordinaria piedad mariana se ha ocupado toda su vida de prestar servicio al Evangelio, construyendo una nueva ciudad de amor.

Pompeya es Rosario, proyecto de vida, camino que conduce a la contemplación de los misterios de la salvación, refugio seguro en las pruebas de la vida, cadena que une los corazones a Dios y que nos hace hermanos. Es Súplica, oración filial, confiada y devota a la Madre del Señor. Es misión mariana, mandato apostólico, servicio de la Palabra, compromiso del anuncio de la buena nueva del Evangelio con María, por y para María, la Virgen de la escucha y del “sí”.

Pompeya es un laboratorio de solidaridad y de promoción humana. Miles de chicos y chicas, de hombres y mujeres, víctimas del malestar social, han sido acogidos y se les ha vuelto a dar su dignidad humana, experimentando el calor de un hogar y de una familia.

Pompeya es la encrucijada de hombres y de pueblos, de culturas y de nacionalidades, lugar de encuentro de una humanidad que tiene sed de Dios y que está deseosa de legalidad y de justicia, de esperanza y de paz. Es un portal de eternidad, proyección de la humanidad en el tiempo de Dios, profecía sobre el futuro del hombre y de la historia. Es “la ciudad colocada sobre el monte” para señalar a todos los hombres de buena voluntad el camino que cumplir para alcanzar la santa Jerusalén, ciudad de Dios, guiados por la Virgen María.